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jueves, 10 de diciembre de 2015
Todavía
Sigo esperando el regreso; sigo quitándole la crema a mi café; sigo absorbiendo aire inútilmente; sigo escribiendo a mano, aunque después vaya a transcribir esto al computador; sigo tachando palabras aunque tenga un corrector en mi bolsa; sigo escuchando las mismas canciones en mi playlist; sigo esperando algo de la vida; sigo pensándote; sigo... sin saber quién eres.
Yet
I still wait for the return; I still remove cream from my coffee; I still soak up air uselessly; I still write by hand, even if I'm going to transcribe this to the computer later; I still cross out words , even if I have a correction pen inside my bag; I still listen to the same songs in my playlist; I still wait for something out of life; I still think about you, all the time; I still... don't know who you are.
jueves, 10 de septiembre de 2015
El inmenso poder de la música de Da Pawn, La Máquina Camaleön y Pastizales
La música fue creada con el propósito de transportarnos a lugares
incógnitos de nuestro ser o nuestra mente; sin embargo, aunque muchos se consideren profetas de esta noble arte, son pocos quienes logran conectarnos con lo que
somos y no vemos. Puedo citar ejemplos concretos de músicos excelentes, desde
el género clásico hasta el Hard Rock,
pero esa no es mi intención en este momento; mi propósito es reconocer y elogiar
a tres bandas que han establecido claramente su estilo y su filosofía: Da Pawn, La Máquina Camaleön y Pastizales. Las reconozco como bandas claves de la escena musical de mi país,
por la sencilla razón de que me han conmovido, sus canciones me han erizado la
piel, me han hecho regresar a momentos importantes de mi vida, recobrar mi
energía, llorar mientras enciendo un cigarrillo, revivir peleas con mi alter
ego, existir de verdad. Algunas veces no podemos hacer nada más que dejar ir; sin embargo, hoy, no puedo dejar ir a estas ganas de confesar mi gusto (la verdad casi obsesión) por las voces y los instrumentos de Felipe Andino (Quito), Bernardo Arévalo (Cuenca), Rodrigo Capello, Martín Erazo, Mateo González, Martin Flies, Felipe Lizarzaburu, Alejandro Naranjo, Pedro Ortiz, Fernando Procel, Mauro y Martín Samaniego (Quito).
Es interesante cómo, en
sus canciones puedo disfrutar de mi soledad, coincidir con que definitivamente
hay “misterios que los hombres no podrán desentrañar”, identificarme plenamente
con el lema del Carpe Diem, con una
expresión tan concreta y simple (porque lo mejor de la vida siempre serán las
cosas simples): “Hoy sólo pienso en hoy” o sentir que me describen el momento
de una creación que “aleja las arenas de la noche”, o bien se encuentra eternamente
bendecida por el noctambulismo, la catarsis que lo cura todo, al fin y al cabo: “La vista
nocturna se desvanece siempre al final”, y es que, después de convencerme de que la respuesta
a la verdad está dentro de mí y sólo debo encontrarme con ella, muchos enigmas
se me han resuelto y, si pudiera decirle algo a mi yo interno, sería muy
parecido a: “quiero que me esperes, seguiré en la ruta”.
La palabra puede ser una pluma o una navaja, depende de cómo
utilicemos esta arma, imagínense entonces el poder de la música, de esta música
que me cuenta un secreto a voces, me dice que después de todo “no importan los
días que se lleva el tiempo”, sino lo que éste nos deja prendido en la memoria,
ya sean los errores “que nunca debimos cometer más de dos veces” como también
el comprender que al “destruir lo que siempre nos ha sobrado” nos hará sentir libres
al fin, salir a buscarnos en el bosque, en las sombras de las casas, bajo un
cielo siempre distinto. Sólo me queda decirles G-R-A-C-I-A-S. Muchas gracias
por demostrarme que la música no tiene nacionalidad, que traspasa cualquier
lugar y frecuencia, que llega justo cuando debe, nos salva y sobre todo, que
nos hace crecer.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Memento mori, una vez más
Hoy estuve recorriendo mis vidas
pasadas. Todas juntas en un solo ser. Todos los momentos vividos, ocultos,
enfrascados en un agujero ahí en la memoria, lejos de la retina y de las manos.
Plasmados en el corredor de una casa vieja, siguiendo a unos pies que fueron y
a la vez ya no son míos, avanzando hacia el rincón más próximo a convertirse en
escondite mientras otra niña acaba de contar hasta diez; recibiendo casi
clandestinamente los cuatro mil sucres
en sueltos a la bisabuelita al despedirme; experimentando el primer beso que le
da un primo lejano a una niña, sin malicia alguna; reviviendo la voz de mi
madre pendiente en el aire como el primer sonido que escucho al despertar cada
mañana, las conversaciones, las risas, los amigos, los abrazos largos y
profundos, las múltiples caídas en todos los sentidos y las resurrecciones que
fueron de la mano, a veces, con la desilusión; el abrir y cerrar los ojos cada
vez con direcciones diferentes; observando los paisajes y lugares donde he
construido estas vidas; los personajes secundarios que me han acompañado en
ellas… Todavía siento el último abrazo de todas las apariciones que me dicen
que sigo aquí, y que este rompecabezas me tiene preparado conocer sus nuevas
piezas. Entonces, respiro hondo y me seco las lágrimas.
domingo, 23 de agosto de 2015
El Regreso
Extraño los arupos, las flores de Cactus, los
paisajes diversos, el aire atravesando mi cara suavemente y los rayos de sol,
no importa si las nubes no mostraran diferentes colores. Estaba ahí y era
feliz, y no me preocupaba por nada ni nadie que no fuera yo. No necesitaba
audífonos, porque la música llegaba sola, y llegaba en distintas frecuencias y
formas. Tal vez Kerouac tuvo un sentimiento remotamente parecido al escribir su
gran novela. Y, a veces me pregunto cómo la vida real puede diferir tanto de
las películas que observamos; sin embargo, cuando me siento a pensar en este
estudio, sin otra compañía más que dos french poodle que exigen atención de mi
parte, con una botella personal de Coca- Cola que no puedo abrir, mis bandas
ecuatorianas favoritas sonando y muchas ideas en la cabeza, me detengo en mis
memorias y comprendo que he creado y he elegido mis escenas (con las extras y
borradas incluidas), que he crecido y que he encontrado el lugar donde
pertenezco. Tal vez sea porque me siento en casa, o porque desperté mi
conciencia. Tal vez, porque mi verdad es otra.
martes, 5 de mayo de 2015
Corrientes.
No tengo más que el encendedor nuevo y este cigarrillo para acompañarme mientras fusiono los sonidos del río con las canciones viejas. Detrás de mí se encuentra un mandala, tiene tu nombre escrito, aunque no explícitamente. Pensé en sentarme a fumar, a fumar y escribir para no escribirte. No pretendo que me leas o me lean, porque no tengo artificios de poeta, pero me empeño en armar rompecabezas con los anagramas que se muestran aquí afuera. Ojalá pasaras, y pasaras pronto, como este tiempo frente al río, como las corrientes de agua que circulan. Humo y más humo. Tenía razón aquel que escribió que las chicas tristes fumamos mucho.
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